Historia textil de nuestra zona

En 1928, empujada por el primer impulso de sustitución de importaciones, nació cerca de Luján la Algodonera Flandria.
A comienzos de los años veinte, la firma Stablissements Steverlynck exportaba telas hacia la Argentina desde sus fábricas de Bélgica. Cuando en 1923 el Gobierno Argentino, dando el primer impulso de lo que hoy conocemos como industrialización sustitutiva, arancela los tejidos importados y favorece la introducción de maquinarias, la empresa belga abre una filial en el país.

Como era normal por aquellos días, los Steverlynck eligieron a uno de sus hijos, Julio, para que se hiciera cargo de la nueva empresa: Algodonera Flandria.

Moldeado en el capitalismo belga, que por esos días estaba más cerca de un feudalismo campesino que del industrialismo humeante de las chimeneas de Manchester, don Julio más que una fábrica quiso construir una comunidad aislada de las áreas urbanas, donde predominaran las relaciones de cooperación entre patrones y obreros, y se evitaran las consecuencias negativas que habían acompañado el desarrollo de la industria en los países con capitalismo más avanzado.

Vino de Bélgica, un país que había tenido fuertes crisis de identidad. Por ello, era primordial lograr un sentido de pertenencia entre los trabajadores de Flandria.

Emprendió la tarea de levantar el pueblo-fábrica en Jáuregui, donde sólo había un viejo molino y la estación de tren y aplicó el molde que él tenía bien arraigado: el paternalismo. No hay que olvidar que provenía de una empresa familiar formada en un naciente capitalismo, con sesgo feudal campesino.

En la Argentina de finales de los veinte, encontrar un obrero textil calificado era un gran desafío. Así, Steverlynck le abrió las puertas de la fábrica a gran cantidad de inmigrantes españoles e italianos. Toda gente que había dejado sus raíces. Gente que venía a "hacer la América", y como la gente trabajando se hace, de los telares no sólo salieron telas, también salieron "Hombres de Flandria".

La política social fue otra de las formas elegidas por Steverlynck para que ese lugar se convirtiese en el pueblo que llegó a ser en los sesenta, donde 2.000 de los 10.000 habitantes trabajaban en Flandria.

La política de la empresa consistía en el pago de salarios altos y el reconocimiento de una serie de derechos sociales -como las ocho horas, el salario familiar o la licencia por casamiento y maternidad. Todo antes que se legislara sobre ellos. Pero, sin duda, el mayor beneficio que se ofrecía a los trabajadores era la posibilidad de acceder a una vivienda propia.

La Algodonera Flandria, un complejo con galpones edificados sobre el final de la década de 1920, que impacta por su construcción y la impronta europea que se observa en cada rincón del lugar, que posee 105.000 m² cubiertos distribuidos en un predio de 32 hectáreas, funcionó en Jáuregui por más de 50 años siendo una importante fuente de trabajo e ingresos para los pobladores del lugar. No obstante en 1996 la firma quiebra, sus telares se callaron y la fábrica se cierra. La Algodonera Flandria se convirtió en historia.

Pero ese no sería su fin definitivo, ya que una vez que se lo restauró y reorganizó, se planificó como un polo textil. Y algunos años más tarde vuelve a reiniciar la actividad luego de ser adquirida por la firma Algoselán SAICFIA, cuyo objetivo fue poner en funcionamiento el “Parque Industrial Villa Flandria”, y donde hoy residen más de 20 empresas dedicadas al rubro.

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